Cuento Corto

El cielo es de un azul intenso, ni una sola nube empaña su color. Una hoja de palmera contrasta el azul con un verde que sólo aquel que ha visto una palma puede conocer. Se escucha a lo lejos el reventar de las olas contra la costa.Entonces el joven se irgue de nuevo del pasto y su vista completa el cuadro. Ve a los autos pasar por la estrecha calle, y después de ésta el paseo donde los peatones pueden disfrutar del romper de las olas contra las rocas. Entonces recuerda que no se encuentra en ningún lugar tropical en algún país lejano del norte, sino que se encuentra en la calle Altamirano en Valparaíso. Son las 4 de la tarde de un martes, se pone completamente de pie y empieza a andar de vuelta hacia el puerto.

Mientras la brisa marina le refresca la cara, acalorada bajo un apacible sol, comienza a pensar en lo que recién había sucedido. La desesperación comienza a embargarlo cuando se da cuenta que no recuerda qué es lo que ocurrió.

Saca un cigarro de la cajetilla que carga en la chaqueta, la enciende con la lumbre protegida del viento por sus manos. Quizás una bocanada le ayude a aclarar su mente y no dejar que la desesperación tome las riendas. Está seguro de dónde está, pero ¿de dónde viene?

El viento norte comienza a arreciar, las nubes empiezan a cubrir el cielo que hace unos segundos era claro. Lo siente, la lluvia está por venir. El mar se pone bravo, las olas empiezan a crecer. El temporal ya está acá, piensa el hombre, y yo sin paraguas. Bota el cigarro, ya no tiene caso seguir intentando fumar algo.

Se detiene frente a las rocas y espera el reventar de las olas, disfruta del espectáculo. No hay como un temporal en Valparaíso, reflexiona el viejo. Entonces una gran ola pasa las rocas y lo empapa entero.

El niño trata de esquivar la ola, pero cae al suelo en su intento. Se rasmilla la rodilla al caer, y comienza a llorar gritando por su mamá. Ella regresa corriendo con el helado que le había prometido.

El niño se consuela con su madre del hecho de no recordar que debía hacerle el quite a las olas. El viejo ya no se preocupa de no recordar como llegó adónde estaba, ya se ha acostumbrado. Al mismo tiempo el hombre trata de asimilar que no sabe cómo llegó y hacia dónde va, porque no quiere recordar y no quiere pensar en qué hacer después.

El niño-hombre-viejo tiene un momento de iluminación y recuerda que es uno solo. Es al mismo tiempo su pasado, presente y futuro.

2 comments

  • This reminded me of a story by Borges:
    http://www.literatura.us/borges/index.html

    You are the modern day version perhaps

  • Te gusta tanto valpo. Yo voy pal otro lado, intento sentirme ajeno, porque para mi la tierra sigue siendo tierra, mientras el valor lo guardan las personas. Luchando codo a codo, viviendo la vida, compartiendo, en la luna, arriba del cerro, en el polo sur, me da lo mismo. Pero me gustaría sorprenderme extrañando algo que no quiero extrañar, la inevitable apertura de los poros calma la resistencia.

    Y somos la suma, la síntesis de lo que pasó, lo de hoy y de lo planeado. Y hay cosas que nos definen, a mi me gusta caminar haciendo equilibrio poniendo un pie delante del otro, varias veces me caí, pero cuando lo hago me siento niño, sigo jugando de vuelta a casa, entonces la lección es seguir hasta que me haga viejo.

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