La Mañana del Año Nuevo

Las circunstancias obligan partir temprano desde Valparaíso a Santiago. Después de una hora de dormir despierto apenas para intentar llegar al terminal de buses, con un pasaje confirmado hace más de una semana y sin opciones de volver más tarde.

Caminando por el cerro se nota que ya están todos durmiendo por fin, aunque alguna casa rebelde pone aún música de fiestas a lo lejos. La mañana está gris y parece en cámara lenta. Llegando al paradero de un colectiva se baja un borrachito y alguna vaga indicación del colectivero le dice que baje. Mientras espero el colectivo para bajar el borrachito se afirma con el celular y se da cuenta de que no tiene idea dónde está ni tampoco idea dónde va, otro más perdido en los cerros de Valpo.
Finalmente logro llegar al terminar, el cual es definitivamente el monumento a la decadencia post año nuevo. Cientos de personas, literalmente acampando en el terminar, donde nunca había notado que había lugar para recostarse.
Veo gringos, europeos, asiáticos, mexicanos y chilenos esperando el bus que los lleve de vuelta a sus bases de operaciones, la mayoría parece que necesita una ducha (algunos más parecen que no suelen tenerlas). Aparte pareciera que el lugar se hace cargo de atraer a los más raros personajes, incluyendo una señora que lleva abrazado un sucio muñeco como si fuera un bebé real, una señora que definitivamente es el calco del estereotipo de una bruja (podría asegurar que llevaba algunos amuletos), un grupo de batucada que siguen semiacostados en el suelo y siguen tocando, unos variados sujetos en estado de interperancia y una mujer (que no estoy seguro si estuvo en una pelea o tenía un anafilaxia) que no siguió el consejo de usar zapatos cerrados y camina descalza con los pies más sucios que pueden existir que probablemente pasaron por una cantidad de líquidos de dudosa procedencia.
Me subo al bus y doy gracias que al lado me tocó alguien en estado digno y no tengo que ir aguantarme el hedor por dos horas. Mientras intentamos salir, una chiquilla grita medio broma, medio en serio: “¡¡por favor lléveme, me quiero ir, quiero estar en mi cama, no tengo pasajes!!”, finalmente la tuvieron que apartar porque literalmente iba colgada del bus.
Llego a Santiago y una mezcla de gente que viene de vuelta a sus casas después de dormir un poco y de los que no duermen aún y traen el cotillón puesto aún. El metro está lleno de serpentinas, huellas de algo que ya fue pero que hoy lo que quiere es ser barrido y limpiado, tal como los que lo usaron anoche.
Estoy por llegar a la casa, Santiago es un desierto, un silencio que no es propio de la capital y donde se escucha con claridad el ladrido de un solo perro encerrado en alguna parte. Finalmente para recordar que la razón es la caña del año nuevo y no que sea un pueblo fantasma me encuentro con otro instrumento de celebración: un globo de aire caliente tirado en el suelo.
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3 comments

  • Así comienza a escribirse la historia de un nuevo año, año que comienza con alegrías y festejos y terminan con kilos de basuras y deshechos, borrachitos que con suerte recuerdan su nombre o donde son, hasta los perros desaparecen porque también duermen su propia borrachera.
    Así también empieza el retorno de muchos a su residencia, a su trabajo,dejando atrás la celebración, su hogar, su familia y el amor incondicional, vamos, hemos empezado el 1er día de este nuevo año,ilusionados con cumplir metas y sueños de aquí hasta el nuevo final, cuando termine este nuevo año en que se vuelve a viajar.

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