La Señora

“¡Ay! me tengo que bajar y siempre me deja tan lejos de la plataforma” – La señora apenas se levantaba, tenía un vendaje en la pierna, la cual llevaba encima de la silla del frente en el bus. Se afirmó con la muleta y se levantó junto con 3 grandes bolsas del supermercado.
“Yo le pido al chofer que le pare en el siguiente paradero, me bajo ahí también” – El joven se acercó hacia adelante del bus y le pidió al conductor que abriera la puerta de delante para que bajara la señora.
“Llegamos, yo le ayudo a bajar”
“muchas gracias joven”.
“Por favor ayúdame a caminar” 
“¿Adónde va?” 
“A la esquina no más” 
” Ya, yo le ayudo” 
“¡Pero llévame todas las bolsas po! ¡Ay! me han robado ¿sabes? Me robaron mi bufanda que me trajo mi amiga de Acapulco, era de una tela muy fina. No como las normales, abrigaba mucho más y era delgada, hermosa en verdad”. Dijo la señora, casi llorando.
Quedé de juntarme con una amiga allá en Ñuñoa, pero apenas puedo caminar” Le indicó la pierna con la venda, que asomaba un poco de sangre seca.
“¿Y usted de dónde es señora?”
“De La Dehesa” Respondió la mujer de inmediato.“No puedo seguir dando las clases de tango con esto de la pierna… Mi amiga de Europa quedó de juntarse conmigo más allá”
“Ok, pero ¿adónde va?” preguntó el joven mientras la sujetaba del brazo y cruzaban la calle con una gran lentitud, debido a esto decidió ir él adelante y siempre estar unos pasos adelante para tratar de apresurar a la señora. La acción del día estaba tomando más de lo que esperaba.
“Y tú con quién vives?” 
“Con mi mamá” Inventó el joven, no se sentía cómodo contando sobre su vida personal
¿Y tienes novia?”
“Sí” Respondió rápido, para tratar de acortar el interrogatorio
“¿Y tu madre deja que puedas visitar a tu novia?”
“Claro” 
“Umm, en mis tiempos no se podía, todos los pretendientes siempre se molestaban cuando no les dejaba que me visitaran… Y tú estudias?”
“Sí” seguía inventando el joven, creía que podía pasar por estudiante. Al mismo tiempo iba vigilando la calle para asegurarse de que la señora no fuera atropellada por un conductor atarantado.
“¿Y tú mamá te deja llevar visitas?” El joven ya no respondía, iba varios pasos adelante haciendo señas de que caminara, sentía que la señora pronto se iba a invitar sola allá.
“Ya cruzamos la calle, acá la dejo”
¡No! por favor déjame en el paradero ahí para sentarme, no ves cómo tengo las piernas”. El joven vio de nuevo el sucio trapo que alguna vez fue una gasa y cubría la sangre seca de una herida que seguramente no se veía muy bien debajo de eso.
“Ok, yo la dejo ahí, pero no la puedo acompañar más” El joven debía estar hace 30 minutos para la reunión a la que iba. Se adelantó al paradero y le pidió a una persona que cediera el asiento, la cual respondió sorprendentemente en forma muy amable.
“Oye yo pinto, uff me pagan muy bien mis amigas en la parte alta por estas pinturas”. El joven sólo la miró, observó el paño sucio que envolvía su cabeza y el maquillaje recargado que delineaba unas cejas que ya no existían.
“Necesito tomar un colectivo para ir hacia arriba ahora” Hablaba la señora mientras gesticulaba en su cara seca y oscura de la mugre que por años llevaba impregnada.
“¿No habrá posibilidad de qué… para que … me puedes ayudar a tomar el colectivo, no tendrás algunas monedas” La señora preguntó, mientras el joven se pensaba qué estaba cargando en las bolsas, mientras la ayudaba a sentarse.
“No tengo ni una moneda o algo” El efectivo en los bolsillos del joven no era algo frecuente, no tenía cómo ayudarla. Tampoco le preocupó, estaba seguro de que la señora era una sobreviviente. “Me tengo que ir ahora, de verdad”.
“Bueno está bien ¡pero me saludas cuando nos veamos de nuevo!” La señora se ajusto el abrigo, que parece que en sus tiempos era muy bonito, ahora era oscuro y algo mugriento.
El joven se despidió y mientras caminaba de vuelta a casa pensaba en cosas como: que la señora no se veía tan distinta a otras de su edad y quizás pensando en su correcto hablar y su gran dicción… seguramente sí tuvo un pasado más digno. Se notaba que era una superviviente, tenía la pillería en sus ojos… a pesar de que sus relatos eran de locura, se notaba que sabía que iba tratando de manipular y lograr lo que necesitaba.
¿Cómo terminó así?. Esas fueron las últimas ideas antes de que cambiara el divagar sobre la mediocre acción del día recién realizada hacia el siguiente tema del día.

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