Valparaíso de mi Papá: El cuero y el calzado

Zapatos Made in Chile

Recuerdo cuando niño que habían varias zapaterías y también varios reparadores de calzado. Siempre di por sentado que los zapatos eran hechos acá, pero a medida que iban pasando los años, estas tiendas fueron cerrando y los zapatos chilenos cada vez escaseaban más. Pero cómo era antes? Antes de que de al tener problemas con tu zapato lo cambiabas por uno nuevo? Sin más los dejo con los recuerdos de mi papá y de su Valparaíso, un Valparaíso de materias primas, talleres y zapatos remendados.  

El Calzado: Del Matadero a tus Pies

Es bueno poner en contraste cómo eran las cosas antes, damos todo por sentado en el día de hoy. ¿Se han cuestionado cómo se hacían los zapatos cuando no importábamos todo Made in China?

El proceso comenzaba con el animal mismo: existía un matadero en la avenida España, donde hoy está el edificio del INACAP, existían tanto los malos olores de los restos de pescados de la Caleta Portales como los insoportables del matadero , tanto era que algunas personas le llamaban las “Termas de Portales”.

Foto: http://www.fotolog.com/pinceladaspuerto

Bueno, del matadero salían los cuero de los animales sacrificados, desde ahí,  a las curtiembres que había en Avda. Pedro Montt esquina Rawson, justo frente el Hospital San Agustín o también conocido como Enrique Deformes. Existían por su puesto otras curtiembres, incluso en lugares totalmente residenciales como el cerro Placeres, cuyos dueños libaneses también tenían la curtiembre Aconcagua en Calera.

El cuero era la materia primera principal para el calzado en esos tiempos, para eso habían diversas tiendas: En la misma esquina donde hoy está el Rodoviario de Valparaíso se encontraba la Suelería Versalles. Las suelerías  abastecían de cueros en diferentes colores y tipos: cabritillas, suelas Laffón, y diferentes artículos para la talabartería y el calzado. No podemos dejar de señalar otra importante suelería: El Cóndor existente hasta hoy.

Además de la relación obvia del cuero y el calzado, también existían más suministros necesarios, principalmente se podían encontrar en la calle Victoria y Serrano, en los años 40 y 50 tenían gran movimiento comercial, aquí podían encontrar por ejemplo: el claite, cerote en base a cera de abejas, hilo de lino para la costura de entresuelas,  taquillas, clavos y chinches más otros productos necesarios para los  talleres artesanales.

Para terminar la creación de hacer calzado por supuesto se necesitan las herramientas características del zapatero: El tirapié, la bigornia (llamada “pata”), la escofina, lija, el martillo zapatero,  leznas, y la cera de cerdo que se añadía al hilo, el afilador de cuchillos, el cuchillo corvo para cortar la suela, entre otros.

Los zapatos, el producto final de esta larga cadena de materias primas e insumos tenía su vitrina en las muchas tiendas de zapatos que Valparaíso tenía, recuerdo a la Zapatería Palominos en calle Victoria, Atilio Díaz en calle Independencia y El Palacio del Calzado en calle Condell,  tanto como el barrio Almendral y el Puerto había mucha competencia. Acá era donde los que tenían el poder adquisitivo compraban sus zapatos para el día a día como también para lucirlos en ocasiones especiales como el 21 de Mayo, con los desfiles de los niños y jóvenes , para las Fiestas Patrias y Año Nuevo  y  cuando había elecciones, ya que los votantes siempre iban vestidos con sus mejores “pilchas”. El mayo lujo era tener zapatos hechos a medida, especialmente apreciado por las señoras de familias bien acomodadas de la época.

Pero la realidad de Valparaíso y gran parte de su gente hacía que el calzado fuera un lujo para muchos, en los cerros los niños se movían a pata pelada. Los zapatos, si es que se tenían, eran remendados una y otra vez por el Zapatero del barrio y su taller de composturas. Los chiquillos tenían que encoger los dedos para hacer aguantar los zapatos lo más posible, desafiando a su crecimiento.

El calzado en Valparaíso era una industria que tenía en la ciudad a todas las partes de la cadena necesarios para su producción, fuente de trabajo para muchas personas, incluyendo a mi abuelo y su taller en el Cerro Cordillera, sustento que le permitió criar a 5 niños y tenerme hoy escribiendo estas palabras.

 

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