Valparaíso de mi Papá: Oficios de los Cerros

Los Oficios de antaño

Las tecnologías, la globalización y sobre todo nosotros mismos somos causales de que distintos oficios vayan desapareciendo. Es verdad, algunos ya no están porque no son necesarios, pero otros se van porque fuimos indiferentes a nuestro patrimonio y ya los dejamos partir sin herederos. En el artículo de mi Papá nos cuenta de algunos de los oficios en Valparaíso, parte de la vida en en los Cerros, para que pongamos en perspectiva cómo ha cambiado la vida hacia algunas décadas atrás, algunos pocos los alcancé a ver de muy niño.

El Afilador de Ricardo Pérez. Foto: ArteLista.com

El Afilador, obra de Ricardo Pérez. Foto: ArteLista.com

Oficios de los Cerros

Vendedores de Pan: por las mañanas y por las tardes en la subida del cerro se veía un caballo y su jinete con dos cajones a cada lado, los que contenían pan fresco, batido, hallullas, pan candial. Esto sucedía todos los días por la subida del cerro El Litre, esperado por los vecinos en horarios de mañana y hora de onces. Estos repartos eran de la panadería Chile que se encontraba en calle Hontaneda.

Los Afiladores de Cuchillos: con pito tipo pan, con su sonido particular que era reconocido por la vecindad para afilar los cuchillos, tijeras y herramientas de trabajo. Se caracterizaba por hacer rodar una rueda con un pedal que accionaba con el pie lo que hacia girar el esmeril , era todo una curiosidad para los chiquillos y los clientes.

Los Soldadores: Ellos iban con sus elementos, cautín y soldadura y caldero, con lo que parchaban ollas, teteras, cantoras (bacín). En esos tiempos se mantenían las baterías de cocina por años, era difícil comprar artículos nuevos como hoy.

El Remendador de Calzado: los zapatos se componían de media suela y taco, cambia de suela entera, etc. El maestro zapatero mantenía su familia con el trabajo de su pequeño taller .

El Canillita: El vendedor de diarios, recorría los cerros ofreciendo las noticias del Diario la Unión, del Mercurio de Valparaíso, de La Opinión y de La Estrella de Valparaíso. Para mejorar la venta iba pregonando las noticias más importantes del momento.

Septiembre 1922, el canillita vendiendo el Mercurio de Valpo. Foto: Santiago Nostálgico

1922, canillita vendiendo el Mercurio Foto: Santiago Nostálgico

Motemei: Llegado el invierno en noches frías y muchas veces lluviosas, se oía el pregonar del motero: “¡MOTEMEI PELAO EL MEIO CALENTITO!” Llevaba un farol de vidrio con una vela, y su triste pregón hacía acudir a vecinos que lo esperaban para sacar del canasto: mote pelado de tamaño grande, castañas cocidas, avellanas, miel de abejas y harina tostada de trigo. Siempre me pregunté cómo tenían fuerza para llevar tremendo canasto y el farol soportando las inclemencias del tiempo, tal vez es el recuerdo más impresionante que llevo en mi bagaje.

motemei

Carlos Martínez, el último Motemei (ya retirado).   Foto: www.latercera.com

Los Lecheros: Habían contratos con empresas de reparto a domicilio, en aquellos tiempos la leche se repartía en lecherías que vendían el producto embotellado con una tapita de cartón que indicaba el día de envase, generalmente debía ser del día del consumo. La principal empresa era ULA: Union Lechera de Aconcagua, la cual abastecía de leche a Valparaíso.

Establos: Expendían leche al pie de la vaca, los que recuerdo eran dos: uno estaba en una calle corta paralela a calle Monjas, no recuerdo el nombre, y la otra estaba en la avenida Francia. Además podías comprar leche de burra y en los cerros leche de cabra, generalmente en los cerros del puerto.

Las Lavanderas: Por los años cuarenta, no existía las lavadoras automáticas y lo más normal era mandar lavar la ropa a las lavandera que, generalmente, eran gente humilde y muy trabajadora, es así que ellas personalmente iban en busca de la ropa sucia y formando atados grandes los echaban a la cabeza y subían a la parte alta del cerro en que vivían con esfuerzo increíble.

El lavado era especial: se remojaba la ropa con un producto que se llamaba Perlina en la noche y al día siguiente se lavaba con Radiolina, productos que se usaba en ropa personal y para la ropa de cama, en especial sábanas y fundas generalmente se hervía en tarros con jaboncillo y después venía el escobillado que realizaba en altezas de madera y escobillas de curahuilla  (el producto con que se fabrican las escobas). Luego había que tender la ropa para el secado y finalmente  la plancha que se calentaba a carbón encendido o planchas que contenían el carbón. Finalmente bajaban para devolver la ropa a los clientes y recibir los pocos pesos que ganaban con tanto sacrificio.

Las Lavanderas a comienzos del 1900. Foto: memoriachilena.cl

Las Lavanderas a comienzos del 1900. Foto: memoriachilena.cl

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